Un viaje por las sombras que cargamos en silencio… y cómo darles la vuelta.
Cuando ser mamá “no era suficiente”
De niña, cuando me preguntaban qué quería ser de grande, mi respuesta era clara:
👉 “Mamá.”
Pero pronto descubrí que esa respuesta no era bien recibida.
El mundo esperaba que añadiera una profesión, un “verdadero proyecto de vida”.
Ahí empecé a sentir la primera herida: ser madre no tenía suficiente valor.
Con el tiempo, me di cuenta de que esta no era solo mi historia.
Era la historia de muchas.
La maternidad y sus culpas
La maternidad, en lugar de vivirse como un camino de plenitud, se ha llenado de culpas invisibles:
- Culpa por quedarse en casa y “no producir”.
- Culpa por salir a trabajar y “no estar lo suficiente”.
- Culpa por sentir cansancio o necesitar un respiro.
- Culpa por no ser “la mamá perfecta”.
Estas culpas no siempre se nombran, pero pesan como piedras en el corazón.
Vergüenzas y dolores secretos
Junto con la culpa aparece la vergüenza.
La vergüenza de reconocer que maternar no siempre es luminoso.
De aceptar que hay días de cansancio extremo, de desconexión, de querer huir.
Y también están los dolores que guardamos en silencio:
- El duelo por los hijos que no llegaron.
- El miedo a equivocarnos para siempre.
- La sensación de haber “perdido tiempo” en nosotras mismas.
Son heridas íntimas, que rara vez mostramos, porque tememos ser juzgadas.
El peso de un “pierde-pierde”
Así, la maternidad se transforma en una especie de camino imposible:
donde, hagamos lo que hagamos, parece que siempre estamos fallando.
Las que se quedan sienten que no hacen suficiente.
Las que salen a trabajar sienten que abandonan.
Y en medio de ese doble filo, la pregunta secreta aparece:
👉 “¿Y yo dónde quedo?”
Ejercicio: dar la vuelta a la culpa 🌿
Quiero proponerte una práctica sencilla, un momento para ti:
- Respira profundo. Haz tres inhalaciones lentas, sintiendo cómo tu cuerpo se aquieta.
- Ahora mira todo lo que sí has hecho, todo lo que sí has aprendido al nutrir y cuidar.
- Si eres una madre que se quedó en casa:
recuerda la fuerza que descubriste al sostener una crisis,
la creatividad para hacer múltiples tareas,
esa ultra-productividad que lograste en 20 minutos robados al día para ti. - Si eres una madre que salió a trabajar:
nombra los momentos memorables que has cultivado con tus hijos,
esas complicidades absolutas,
esas redes de cuidado que supiste tejer con otras personas.
- Si eres una madre que se quedó en casa:
- Sea cual sea tu historia, mira los regalos que dejó ese camino. Respíralos. Agradécelos.
Volver a mirar la maternidad
Nombrar las culpas y vergüenzas es necesario, pero también lo es reconocer la riqueza escondida en medio de todo ello.
Quizás la maternidad nunca sea un camino perfecto.
Pero sí puede ser un camino verdadero: lleno de aprendizajes, resiliencia y amor.
💫 Tal vez ahí, cuando nos atrevemos a mirar incluso lo incómodo y al mismo tiempo agradecer los dones, comenzamos a recuperar nuestras alas.