July 28, 2018

Cuando nuestros niños son pequeños una sola palabra nuestra los hace sonreír, un abrazo y un beso calma los dolores, una mirada y regresan una sonrisa

Luego, llega la adolescencia casi como un monstruo que poco a poco nos arrebata esos niños y nos los transforma en jóvenes.

Ese horrible momento en que nuestros besos ya no los alivian, nuestras palabras pocas veces las confortan, más bien los molestan, en que no sabemos si abrazarlos o alejarnos, pues parece que hagamos lo que hagamos no va a funcionar.  

Sus rutinas cambian, en ocasiones no se hallan, sus emociones están a flor de piel y nosotros los padres con frecuencia miramos con espanto estos seres que ya no se parecen a nuestros hijos.

Sin embargo, si damos un paso atrás y respiramos profundo, descubrimos que el problema no son ellos, somos nosotros.

Nos cuesta trabajo aceptar que es momento de dejar ir nuestros pequeños niños y abrazar a nuestros jóvenes. 

Aceptar que es su momento de construirse y su cerebro los obliga a diferenciarse de nosotros.  

Si esta ‘rebeldía’ no te la tomas personal verás la magnificencia del proceso, y como todas aquellas semillas de amor que en su infancia sembraste en su interior, están listas para comenzar a germinar, quizás.

En mi caso la parte más dura es entender que ya su felicidad no depende de mí, que ya sólo debo estar ahí y apoyarlos.

Es momento de observar desde la barrera y entrar sólo cuando soy invitada, y esto ocurre mucho menos de lo que quisiera.  

Otro punto complejo y realmente crucial es soltar aquella idea que fijaste que tu hijo debería ser, porque entre más te preguntes por qué no es como te lo imaginabas, menos lo estás aceptando, y así no lo digas en voz alta, ellos lo perciben.

Lo que sucede entonces es que refuerzan el contrario a tu expectativa y se alejan, en la medida que no aceptemos la versión de nuestros hijos que hoy tenemos en frente se genera un muro invisible entre ellos y nosotros.

En mi caso, me costó muchísimo dolor el entender esta realidad, pues a veces complejizamos la idea de relacionarnos con nuestros hijos para convencernos que de verdad los estamos aceptando tal y como son.  

Algunos padres tienen ideas sobre sus hijos fácilmente identificables como "quiero que sea bueno en lo académico, deportes, etc.".

Otros, como era mi caso, ideas más complicadas de identificar como que "sean felices, libres, interesantes, populares", y un sin fin más de posibilidades.  

Sin embargo, independientemente de cual sea la idea que tengas preconcebida, esto te impide honrar el proceso individual de tu hij@, nos impide amarlos verdaderamente, pues en lugar de honrar su proceso intentamos que sean el reflejo de algo que nosotros fijamos

Sin embargo, lo que he experimentado con una inmensa alegría, es que cuando identificamos esa idea que intentábamos a toda costa de lograr y dejamos que nuestros hijos verdaderamente SEAN reverenciando ese maravilloso ser que son, el muro se derriba, la relación florece con unos maravillosos frutos que no conocíamos y reconfortan nuestra alma.  

Y ¡sorpresa! ¡esos seres si que se parecen a nuestros hijos!. 

¿Cómo puedes crear nuevos puentes que conecten tu corazón con el de tu adolescente?

En MamAldea hay muchas madres con nuevos adolescentes compartiendo sus experiencias, ¡únete y comparte!.

About the Author

Cata Heincke

💞 Soy tu espejo que refleja que otras realidades son posibles.
❤️‍🔥 Soy llama que te ayuda a encender tu propia hoguera al placer, gozo y libertad.

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