Una historia de maletas, vínculos y alas.
Viajar con dos maletas
Este 29 de septiembre emprendo un nuevo viaje: dejo Colombia para vivir en Argentina con mis dos hijos pequeños.
Es una mudanza distinta. No llevamos camión de trasteo, ni cajas infinitas, ni recuerdos embalados.
Solo dos maletas: una de bodega y una de mano.
Al tomar esta decisión, cada objeto en casa se convirtió en una pregunta.
¿Qué se va? ¿Qué se queda? ¿Qué entregamos? ¿Qué soltamos?
Y descubrí que no estábamos hablando solo de cosas materiales, sino de vínculos invisibles.
Los vínculos que habitan en los objetos
Al preparar las maletas, mis hijos me mostraron su propia sabiduría.
- Elena, con sus ocho años, eligió pocos peluches para llevar. Cada uno tenía una historia y un vínculo especial. Los demás decidió entregarlos a sus amigos, “para seguir conectada con ellos”.
- Después quiso donar otros a un orfanato.
- Y más tarde, juntos decidimos entregar a una fundación.
Hubo una conversación importante:
¿vender o entregar?
La respuesta de ellos fue clara: queremos entregar.
Me conmovió ver cómo, para ellos, soltar no es perder, es honrar y confiar en el flujo de la vida.
Soltar no es solo dejar cosas
No suelto únicamente objetos.
Dejo atrás mi casa, mi carro, mi vida en Colombia.
Y, sobre todo, suelto el control del nido.
Dos de mis hijos ya vuelan por sí mismos:
- Alicia, que está en Japón, siguiendo sus sueños.
- Gustavo, que con 18 años decidió quedarse en Colombia para descubrir su propio camino.
Aceptar sus decisiones ha sido también un ejercicio de soltar.
Soltar expectativas, soltar la idea de que siempre volamos juntos.
Honrar que cada uno tiene derecho a su propio vuelo.
Lo que cargamos en silencio
Mirando atrás, me doy cuenta de cuánto acumulamos.
No solo objetos, sino culpas, programas, vergüenzas.
Cargamos con lo que “se espera” de nosotras como madres o padres.
Cargamos con la culpa de trabajar o de no trabajar.
Cargamos con la vergüenza de reconocer cansancio o fragilidad.
Y, sin darnos cuenta, vamos llenando nuestras maletas internas de peso.
Ejercicio: soltar para abrir las alas 🌿
Hoy quiero invitarte a un ejercicio muy sencillo y poderoso:
- Elige un rincón de tu casa.
Mira los objetos que habitan allí. - Observa con calma. Pregúntate:
- ¿Qué vínculo sostienen conmigo?
- ¿Qué recuerdos despiertan?
- ¿Me dan paz o me pesan?
- Elige uno. Solo uno.
Decide si quieres soltarlo: regalarlo, donarlo, entregarlo. - Haz la acción. Tómate este fin de semana para hacerlo.
- Respira. Nota cómo se siente abrir ese espacio.
¿Ligereza? ¿Tristeza? ¿Agradecimiento?
Sea lo que sea, míralo de frente.
Soltar no es perder: es agradecer lo vivido y abrir espacio para lo nuevo.
Viajar ligero
He aprendido que cada vez que suelto algo, mis alas se sienten más ligeras.
Y que soltar no es abandonar, es hacer espacio para el siguiente vuelo.
La vida es movimiento, y en cada entrega hay un acto de confianza: creer que lo que se va sigue vivo en otros, y que lo que se queda en mí será suficiente para continuar.
💫 Quizás este sea el verdadero arte de maternar y de vivir: aprender a viajar ligero.